El fin de semana pasado mis amigos españoles del Erasmus (no todos) y yo nos fuimos a Amsterdam. El viaje, en un principio, estaba planeado para ir alquilando un coche. Desgraciadamente, nos dimos cuenta de los suplementos a menores de 25 por el alquiler justo la semana antes, y tuvimos que cambiar el plan. Descartado el alquiler, nos compramos un billete de tren. Si lo hubiéramos comprado con tiempo, es muy barato, pero pagamos bastante para lo que era. El viaje era una necesidad imperiosa, así que para allá que nos fuimos.
El tren es un martirio. Se supone que es el Thalys, un tren de “alta velocidad” que comunica París con Amsterdam, Bruselas, Colonia y otras ciudades europeas. Sin embargo, para los 500 kilómetros que separan París de Amsterdam, el trayecto dura 4 horas. Bastante largo para lo que debería ser con alta velocidad…
Llegamos a Amsterdam el viernes 14 a primera hora de la mañana, sin hostal y nada. No costó encontrar uno rápidamente. Un poco cutre, pero para un par de noches y para dormir, más que suficiente
Ya había estado en Amsterdam antes, pero esta fue una ocasión para verlo con mucha más calma y descubrir lugares que antes no había visto. Me sorprendió el barrio de Jordaan. Con un ambiente bohemio y joven, eran muy numerosas las tiendas de flores, restaurantes de moda y pequeños mercados. Además, el encanto de los canales y los puentes sobre el río daba aún más vida a esta zona de la ciudad. Todo tenía el aspecto de una zona deliciosamente descuidada.
Litetatura barata aparte, tuvimos tiempo de pisar sexshops del Barrio Rojo (Red light District). Hablando claramente, son todo puticlubs (escaparates de cristal donde las prostitutas se muestran de reclamo), sexshops y coffeeshops (tiendas donde venden marihuana y otras drogas blandas).
Me sorprendió el precio de la vida, mucho más barata que en París. También agradecí muchísimo la existencia de Burger Kings (en Francia no existen). Y descubrí el porqué de la fama de los holandeses de ser un pueblo agarrado. Pagas por todo lo que consumes. Esto es lo lógico, pero… Me explico. En España o en Francia si pides sobrecitos de ketchup en cualquier sitio, te los dan gratis. Aquí por cada uno de ellos pagas lo que cuesta. También por las bolsas de plástico de las tiendas, por utilizar los aseos, etc etc.
Bien, ahora viene la carnaza para la chusma. Imagino que todo el mundo se esperaba una historia de drogas y sexo en nuestro viaje a Amsterdam. Contaré lo poco que me interesa, porque sé que la familia lee este blog! Los que fuman, fumaron y se rieron mucho. Como yo no fumo tabaco ni porros directamente, tuve que fumar de shisha o “cachimba”, que es la única forma de la que puedo fumar. Me reí mucho, me relajé y subí al hostal a dormir. También tuvimos tiempo de probar un “spacecake”, pastelitos que llevan marihuana y hachís. La otra vez que estuve en Amsterdam los había probado, sin ningún efecto aparente. Esta vez me pegó muy fuerte y estuve llorando de la risa durante un buen rato. Muy divertido y recomendable para pasar un buen rato.
Por último, están las setas, que fueron el motivo del viaje. Serán retiradas del mercado el 1 de diciembre, por orden del Ministerio de Sanidad neerlandés. Teníamos que aprovechar los últimos días, la semana fantástica. Ya había probado las mexicanas y las colombianas (con un efecto más físico), así que esta vez opté por las hawaianas, que me vendieron con la promesa de tener un potente viaje interior. ¿Efectos? Muchos y muy agradables. Estuve durante cuatro horas tumbado sobre la cama sin apenas pronunciar una palabra, muy relajado, imaginándome que estábamos en una jaima árabe y todo flotaba. Pensé muchísimo hasta el punto de que no recordaba dónde estábamos ni qué hacíamos allí. Y eso que tomé menos de la ración recomendada para una persona. No quiero ni imaginarme el viaje que puede tener alguien que se tome la ración completa.
En líneas generales, ese fue el viaje a Amsterdam. Añadir que nos hicimos este vídeo tan gracioso en el museo de Heineken. Espero que os haga gracia. Agradezco las visitas al blog y los comentarios. Besos con sabor a croissant.














